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Vanessa Cavallini Terapia Yoga y Meditacion
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La huella profunda de las palabras:
Aprendiendo a usarlas responsablemente

“Nuestro lenguaje forma nuestras vidas y hechiza nuestro pensamiento”
Albert Einstein

Las palabras que expresamos y la forma y el tono en que las decimos nos afectan poderosamente tanto a quienes las expresamos, como a todos aquellos que quedan expuestos a ellas.

Poseen la capacidad de inspirarnos, atemorizarnos, deleitarnos o invitarnos a grandes cuestionamientos.

Tienen el poder de influir, ya sea curando o hiriendo e incluso pueden transformar literalmente nuestras vidas.

Hay palabras que nos conmueven o nos hacen emocionarnos profundamente y palabras que nos hacen tomar una decisión nueva.

Los grandes líderes de la humanidad siempre han sabido como utilizar este poderoso recurso.

Por eso mismo, los griegos decían que la palabra era divina y los filósofos y grandes maestros han elogiado tanto el silencio.

Las antiguas enseñanzas han reconocido cómo lo que expresamos afecta poderosamente nuestra conciencia y el mundo en el que ésto se expresa.

En la época actual, el japonés Masaru Emoto, en su libro “El mensaje del agua” ha revelado un descubrimiento aún mayor para el mundo en este sentido.

Equipado con impresionantes microscopios electrónicos, pudo mostrar imágenes de lo que sucede con las moléculas del agua al ser expuestas a distintas palabras.

Mostró cómo las palabras pueden cambiar de forma significativa las formas de las moléculas del agua.

Las moléculas del agua reaccionan según las palabras que decimos.

Cuando decimos palabras positivas reaccionan con hermosas formas en su estructura molecular, pero cuando decimos palabras negativas reaccionan con formas horribles .

Tomando en cuenta que nuestro cuerpo humano es 70% agua, al igual que nuestro planeta Tierra (En los bebés recién nacidos es un 95% agua) queda claro que es impresciendible al menos comenzar a hacer un uso responsable de las palabras y el tono de voz.

Ya que tal y como comprobó Masaru Emoto, éstas no sólo afectan lo que sentimos y pensamos, sinó que incluso modifican la forma molecular del agua en nuestras células.

Tome conciencia de que no es lo mismo llamar a una circunstancia "catástrofe", "problema" o "reto", aún siendo la misma circunstancia.

La forma en que nos referimos a esa circunstancia en concreto, cambia todo el contexto y afecta nuestro estado y nuestros recursos para hacerle frente.

Pruebe adoptar un vocabulario que le capacite y le ayude a mantener un estado emocional apropiado y pleno de recursos. Recuerde que el lenguaje que utiliza afecta directamente su realidad.

Al hablar y relacionarnos manifestamos el estado de conciencia o inconciencia en que nos encontramos.
La contaminación del planeta es sólo un reflejo de nuestra contaminación interna.

La práctica del yoga, que trata acerca de ser cada vez más conscientes, nos invita a elegir cuidadosamente las palabras que empleamos en cada momento y a emplear un tono cada vez más adecuado.

Para que esto sea posible es necesario hacernos responsables primero de nuestro espacio interior y mantener una actitud de continua autoobservación y una atención plena.

Es importante el espacio para el silencio y la meditación.

Pruebe hacer una pausa durante el día, quédese en silencio y quietud con una atención plena.

Revise si siente relajación o ansiedad en su interior y con qué intensidad lo percibe.

Observe qué tipo de pensamientos mantiene su mente, qué emociones le acompañan y dirija su atención al cuerpo para tomar conciencia de las sensaciones físicas que están presentes. No analice ni juzgue nada de lo que percibe, sólo reconozca lo que está ahí.

En ese espacio de pausa y autobservación nos hacemos cada vez más capaces de observar y reconocer las particularidades de nuestros diálogos internos, tomando conciencia del ruido y agitación (o silencio y tranquilidad) que llevamos por dentro.

Al mirar detenidamente en nuestro interior nos concientizamos de cómo la energía que emanamos (debido a nuestro estado interno) tiene efectos sobre quienes nos rodean.

Al reconocer el teatro que tiene lugar en nuestras mentes y reconocer el estado en el que percibimos todo en nuestro interior, podemos elegir comunicarnos con los otros con una atención mayor, eligiendo qué comunicar, cuándo y cómo hacerlo, y no hablar desde el automático, reaccionando simplemente o guardándonos lo que necesita ser expresado en su momento.

Por unos días haga una pausa al final de su rutina y revise cómo estuvo su comunicación, pregúntese si utilizó sus palabras y su tono de la forma más adecuada posible y en qué estado interno se encontraba cuando se expresó de esa manera.

Revise si con su forma de expresarse en cada momento está usted
contribuyendo a limpiar, inspirar y nutrir al mundo o más bien lo está agrediendo, agitando y contaminando?

Recuerde que desde la inquietud, el dolor, la inconciencia y la agitación, la calidad de lo que comunicamos es muy distinto a lo que expresamos cuando hay atención plena, autoobservación y paz interior.

Si su estado interno necesita algo distinto de lo que siente , ocúpese de cultivar un estado interno que lo alimente.

Sabiendo que las palabras no se las lleva el viento, sinó que más bien dejan huellas profundas en quien las recibe y en todo lo que nos rodea:

Elija qué huellas dejar en su vida, para que le apoyen en su camino de crecimiento.

Una sabia y conocida anécdota árabe dice que en una ocasión, un Sultán soñó que había perdido todos los dientes.

Después de despertar, mandó llamar a un Adivino para que interpretase su sueño.

- Qué desgracia Mi Señor! - exclamó el Adivino - Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.

- Qué insolencia! - gritó el Sultán enfurecido

- Cómo te atreves a decirme semejante cosa? Fuera de aquí!!!
Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.

Más tarde ordenó que le trajesen a otro Adivino y le contó lo que había soñado.

Éste, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:
Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes.

Iluminose el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó le dieran cien monedas de oro.

Cuando éste salía del palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:

-No es posible!, la interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer Adivino. No entiendo por qué al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.

Recuerda bien amigo mío - respondió el segundo Adivino - que todo depende de la forma en el decir...

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