Visitando el Silencio Interior
Para descansar plenamente no es suficiente con pasar tiempo en un paraje solitario en la naturaleza, es importante aprender a despejar el ruido que tiene lugar en nuestra mente.
Se calcula que cada día tenemos entre cuarenta mil y sesenta mil pensamientos.
En la época actual nuestra voz interior tiende a pasarse el día entero en un caos de pensamientos.
Normalmente estos pensamientos se comportan de manera anárquica y caprichosa y sin darnos cuenta permanecemos esclavizados a ese ruido interior.
Eso hace que aún en el tiempo de descanso, la gente no sepa cómo relajarse completamente, reabastecerse de energía y obtener claridad en los temas que más le preocupan constantemente.
La meditación es una buena forma de descansar, aclararse y despejar la mente.
Entrenar la mente suele ser mucho más complejo que el entrenamiento del cuerpo y por eso la tradición yóguica recomienda comenzar con la práctica de asanas (posturas del yoga) y pranayama (técnicas de respiración) para facilitar el traer mente-cuerpo a un estado de mayor presencia, concentración y calma.
En ese momento es más fácil poner a cabo las prácticas propias del yoga interno.
La rama del yoga conocida como meditación, desarrolla la capacidad de calmar la mente y transformar su agitación en paz, actuando como forma de sanación progresiva para el cuerpo, la mente y nuestra parte afectiva.
De esta forma comenzamos a conocer un estado en el cual la mente está muy relajada pero no dormida, requisito esencial para ir profundizando cada vez más en la práctica de la meditación.
Hagamos una prueba.
Si nos quedamos unos minutos en silencio, cerramos los ojos e intentamos ser conscientes de los pensamientos que aparecen en nuestra mente, nos daremos cuenta de lo que pasa en nuestra cabeza durante todo el día.
Es como tener dentro una radio o un televisor encendido emitiendo prácticamente el mismo programa cada día, porque tenemos casi el mismo patrón de pensamientos un día tras otro.
Con la meditación aprendemos a observar nuestros pensamientos y progresivamente accedemos a un silencio interior que no es consecuencia de haber reprimido los pensamientos, sino de ir más allá de ellos.
Cuando dejamos de darle vuelta a los pensamientos y analizarlos buscando resolverlos y probamos en su lugar simplemente observarlos, ellos mismos se van o nos llevan a grandes insights o entendimientos.
El silencio interior es una conquista.
En los inicios de la práctica, al empezar intentando fijar la atención en una sola cosa, como por ejemplo, la entrada y la salida del aire con cada respiración, el/la practicante se da cuenta de lo difícil que le resulta enfocar su atención: perdemos la atención entre seis y doce veces por minuto.
Y es por esta razón que el entrenamiento en esta grandiosa práctica milenaria requiere de una guía adecuada para los practicantes que apenas están comenzando.
Esto les permite avanzar fluidamente en su proceso de interiorización y atención plena, para poder disfrutar así de un estado más relajado, claro, consciente y pleno y degustar las delicias de su Silencio Interno.
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